domingo, 1 de junio de 2014

Agua por la Fontanela - José Puerto.



Por otro motivo más, perdurará en mí la creencia de que lo exquisito exige de un formato menor.
 

Si un buen libro es un regalo, de prodigio podemos calificar el poemario obsequiado con humildad por unas manos amigas. Manos que labran el campo para jamás cortar el cordón umbilical que nos une a la tierra, la de nuestros antepasados, que pisaran campos castellanos y dieran de comer a sus cerdos en Orihuela, brotando de nuevo en la pluma de quien no duda de su identidad a la vez local y cosmopolita, tradicional y moderna, humilde y excelsa.
 

José Puerto recrea su legado sentimental y vital con referencias a los surcos que cada día pisa, dignificándolos junto a otras realidades cercanas del barroco prieguense, del nacimiento de Zambra, Zagrilla… e innumerables referencias a la geografía andaluza, con la policromática madurez que sabe reunir el aparentemente nimio gesto doméstico con la exquisitez artística de quienes nos precedieron.
 

Rojo tomate elegido y oro girasol de los alcores;
Verde espárrago de Huetor y azul floral de Chiclana.
Junto a influencias de los clásicos como Machado, Hernández o Manrique, el lector encontrará la ironía y gracejo de la tradición oral de la subbética, presente en su Elegía a Diana y de la musicalidad que ofrece la grandeza de la sencillez, que no facilidad, pues en la obra de este trovador se esconde la depuración más pausada, pero con adornos del olivo y del agua que fluye desde los caños de la Fuente del Rey hasta el nacimiento del río Anzur, mención especial para su Canto del Aldeano, poema en cuatro partes (Canción de la Tierra, Canción de Agua, Canción de Aire y Canción de Fuego) donde aflora el rico y tradicional léxico de los más antiguos aperos, revitalizados en la vigorosa voz del trovador:

que los chorros de plata den cuerda a sus clepsidras
y que corran las aguas libertas de las hidras,
esparciendo el consuelo en los secos caballones.


No en vano el agua, desde el primer vocablo del título hasta el último verso del poemario, se erige como protagonista absoluta del poemario dotándolo de la hídrica unicidad de quien se sabe deudor de la unión con la tierra y la composición de sus frutos, símil de fecundidad y erotismo plasmado en sus dos últimos poemas, Agua Naranja Tu Sexo y Te Quiero Como Agua Eterna.


Poeta de la Tierra, tierra de agricultores y de trovadores, entre los que nace, muy de cuando en cuando, un verdadero poeta del campo andaluz... y de sus aguas.

2 comentarios:

José Puerto dijo...

Amigo, hermano náufrago,hace tiempo que ley tu generosa reseña sobre mi libro, en Facebook creo, pero no recuerdo haber entrado en este tu blog hasta ahora (si lo hice perdona el despiste senil). Primero mi enhorabuena por reunir aquí tus hijos poéticos que bien lo valen y bien nos vale a quienes apreciamos lo que haces, tener este sitio elegante donde acudir a releerte. Segundo, gracias otra vez por las palabras sobre mi libro y los buenos ojos con que lo has leído... Seguiremos mirándonos bien desde nuestras órbitas paralelas.

José Puerto dijo...

Amigo, hermano náufrago,hace tiempo que ley tu generosa reseña sobre mi libro, en Facebook creo, pero no recuerdo haber entrado en este tu blog hasta ahora (si lo hice perdona el despiste senil). Primero mi enhorabuena por reunir aquí tus hijos poéticos que bien lo valen y bien nos vale a quienes apreciamos lo que haces, tener este sitio elegante donde acudir a releerte. Segundo, gracias otra vez por las palabras sobre mi libro y los buenos ojos con que lo has leído... Seguiremos mirándonos bien desde nuestras órbitas paralelas.

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